Hoy iba a ser un dia normal, como otro cualquiera. Alguien me habia dejado un mensaje, una invitación. Podia borrarlo o podia usarlo, lo he pensado durante unos minutos. Me he dicho a mi misma, ¿porque borrarlo? ¿porque no usarlo? He cogido el teléfono y he marcado el número. Un despacho, una secretaria me contesta, dejo recado de que he llamado. Tengo una cita a la una, no debo llegar tarde. Me ducho y pienso en la llamada. Simplemente he dajado un nombre. Pienso en volver a llamar. Quizás es el destino, no estaba ¿porque insistir? Salgo del baño y veo el teléfono sobre la mesa, sin pensarlo vuelvo a marcar y de nuevo la secretaria. No puede atenderme en estos momentos, esta ocupado y ella me solicita un número de contacto. ¿Será simplemente la mecánica de su trabajo o él sabe que he llamado y está realmente interesado en hablar conmigo? Dejo mi número. No pasa mucho rato y el teléfono suena, es él. La conversación es fluida, parece que nos entendemos, hablamos de cosas intimas me siento cómoda pero tengo que salir, ya llego tarde a mi cita. Me pregunta si dispongo de tiempo para un café juntos, para comer, para vernos. Si, tengo el dia libre, la conversación me agrada y deseo continuarla. Nos citamos en un par de horas, me recoge y nos vamos a comer. La conversación sigue siendo fluida y cómoda. Nos miramos a los ojos, él me ve y yo le veo. El ve mi dolor y yo el suyo. Nos besamos, nos abrazamos. Ya no hay palabras, ahora son nuestros cuerpos y nuestras mentes las que se comunican. Me entrego y él me toma. Veo sus ojos, veo la magia en ellos y me siento feliz. Mi mente ha vuelto a ese lugar junto a la suya, lo hemos compartido. Sonreimos como dos niños, nos sentamos nerviosos como dos adolescentes. Es hora de marcharse, un ligero beso para decir hasta pronto. No ha sido un dia cualquiera. Ha sido especial, quedara marcado en el calendario.
(21/10/08)
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