Hace unos años un amigo me regalo un cuento. En él me hablaba de un hermoso manzano en el cual crecian manzanas rojas y brillantes cada temporada. Algunas crecian en las ramas bajas y eran fáciles de coger, otras aunque se encontraban a más altura sino eran recogidas deseaban tanto serlo que se dejaban caer al suelo. En la zona más alta habia crecido una que no era precisamente la más bella pero si la más codiciada, por su robustez, por la fuerza con la que se mostraba allá en lo más alto. Esa manzana solo seria cogida por alguien capaz de trepar hasta ella, sin miedo, sabiendo que le esperaba para premiarle por su audacia.
El árbol representaba a la vida y al sitio que nos ha tocado ocupar a cada uno. Para bien o para mal mi sitio está ahi arriba, según me dijo él, y asi debo aceptarlo. Aunque vea a las demás ser recogidas debo perseverar y permanecer en lo alto, nunca dejarme caer porque algún día alguien trepara hasta mi y merecera el esfuerzo de haber sido fuerte.
Hoy he recordado este relato y el cariño con que mi amigo me lo contaba. Por como me veia y por como me explicaba que aunque lo deseaba mucho no podía trepar hasta mi y tampoco deseaba que yo callera para él porque entonces ni el ni yo seriamos felices.
Que duro es estar ahi arriba, la soledad, la espera. El ser fuerte y a la vez debil pero no dejarse caer. Que duro es cuando crees que alguien te va a alcanzar y sueñas con ello pero descubres que nunca pretendieron luchar por alcanzarte, que simplemente usaron una vara para llegar hasta ti y rozarte suavemente con engaño. Que duro es sentir la envidia por estar ahi cuando es algo no elegido y no puedes evitarlo. Que duro es desear con todas tus fuerzas que una persona te alcance y ver que no es capaz de hacerlo. Que triste es que los demás te vean como algo inalcanzable, algo altivo, algo fuera de lo común, cuando tu te sientes algo sencillo y cercano a todo.
A pesar de esto aun sigo aqui arriba, llena de esperanza, por que asi lo he aceptado. Dolorida por los roces, curando mis heridas con los pocos que me han visto con cariño y me han dejado permanecer en mi sitio porque asi pensaban que debia de ser.
Mi piel se va endureciendo con el tiempo, es la única defensa que me queda. Añoro esa piel fragil de la juventud con toda su inocencia. Solo puedo ser tierna en mi interior porque no deseo caer. Si mi frescura ha de terminar de marchitarse con la espera, prefiero que sea en lo alto y solo en apariencia ya que una fruta madura es mas dulce. Cuando llegue mi final mis semillas daran vida a una nueva manzana que seguira esperando allá en lo alto hasta que alcancen a recogerla.
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