
Ya va llegando el otoño, las temperaturas empiezan a descender, la ciudad despierta. Mi cuerpo y mi estado de ánimo sienten el cambio. Curiosamente al revés de como le pasa a la mayoría de las personas yo empiezo a despertar de un largo letargo. Me siento más ligera, con ganas de realizar mil actividades, mi mente se agiliza. Me gusta empezar a sentir el fresco sobre mi piel, ver las hojas caer y jugar con ellas en el suelo, las primeras lluvias mojando mi pelo.
Me gusta el ciclo que se incia, la gran variedad de tonalidades marrones del otoño, el blanco y gris del invierno, el verde intenso y la gran gama de colores de la primavera. No me gusta el amarillo del verano que lo inunda todo.
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