El cambio de año se celebra el 31 de diciembre, sin embargo para mi septiembre es un punto de inflexion importante. Durante el verano todo entra en una especie de letargo. Las vacaciones, el calor, la vida menos ordenada que todo esto conlleva. La vuelta a la vida que se produce en septiembre es realmente la entrada a un periodo nuevo, un año nuevo. A veces esta vuelta es monótona, aburrida e incluso en ocasiones desalentadora. Otras veces se produce de forma excitante ante nuevas espectativas.
Personalmente este verano no se corresponde a ese letargo habitual. Esta siendo una epoca de revolución, de intuición ante grandes cambios . Un tiempo para la creatividad, para la busqueda, para interiorizar, para ahondar aún más, si cabe, dentro de mi. Un tiempo para cultivar la paciencia en espera de lo que ha de venir y de preparación. De preparación para aceptar lo que la vida me quiera dar en estos momentos.
Me siento rodeada de hadas, de magia, de fantasmas, de miedos. Todos ellos mezclados entre sí inmersos en un gran baile, tomando las riendas del mismo alternativamente. Los miro frente a frente, intento que no confundan mi mente. Sé que poco más puedo hacer yo. Solo esperar que acabe ese baile y confiar que está vez el peso caiga del lado que más deseo.
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