El inicio

sábado, 15 de agosto de 2009

Los "enfermos"

He pasado dos semanas cuidando de Matilde. Ha sido tiempo suficiente para conocer los dos mundos que conviven en el hospital. Uno es el mundo de los "sanos", otro el de los "enfermos". Apenas unas pocas personas nos encontramos entre ambos. Los "sanos" llevan su propio ritmo de vida. La mayoría de las veces muy deshumanizado. Actuan de forma casi mecánica, simplemente cumplen con su trabajo o con su obligación. Para los "enfermos" el tiempo parece haberse parado, no hay prisas e incluso en algunos casos ya no existe más vida que la que transcurre lentamente esperando la muerte. Algunos privilegiados se valen por sí mismos y pueden salir a pasear sin depender de nadie. Otros, también privilegiados, salen en silla de ruedas que son llevadas por sus cuidadores personales o por celadores que las aparcan bajo un arbol hasta la hora de la comida.
Todos se conocen, todos se sonrien. Llama especialmente la atención el contacto físico que mantienen entre ellos. Todos se dan la mano al saludarse pero no en la forma habitual de saludo sino como si de un fuerte abrazo se tratase. Apenas hablan, solo se miran a los ojos y sin embargo cuantas cosas se dicen con la mirada.
Matilde apenas oye, Pilar no puede hablar (le han hecho una traqueotomia) Antonia camina muy lentamente y con gran esfuerzo debido al deterioro de su columna vertebral. Ayer el médico me dio permiso para llevarla al pueblo y graduarse unas gafas nuevas. Hacia seis meses que no salia del recinto del hospital. Para ella fue una autentica aventura. Su sonrisa era la de una niña en el día de su cumpleaños. Apenas fuimos a la farmacia y al optico, donde compro las gafas nuevas y un monton de cremas para estar guapa. Se regalo con una cerveza sin alcohol y un pincho de tortilla y de vuelta al hospital, llena de ilusión por haber conseguido escapar durante apenas una hora y media.
También el amor visita el hospital. Ambos de mediana edad, ella en silla de ruedas con los pies destrozados por un accidente, el con problemas en una pierna. Este infortunio les llevo a conocerse. Todas las mañanas pasean juntos, el empujando la silla de ella. Se sientan en un banco alejado y se les ve hablar, reirse, cogerse las manos. En alguna ocasiones el canta para ella y todos sonreimos.
Los "sanos" hablan de los "enfermos" como si de locos se tratase. Se rien de todas estas cosas. No se dan cuenta, a pesar de tenerlo ante sus ojos, de que la vida es un enorme regalo. Que todos de una forma o de otra pasaremos por estas situaciones y que por desgracia, generalmente, no sabemos valorar lo que tenemos hasta que lo perdemos.
Mañana termino mi trabajo en el hospital. Cuanto les voy a echar de menos pero me han hecho un gran regalo todos ellos. El calor de sus apretones de mano, el cariño de sus miradas y la complicidad de sus sonrisas.

No hay comentarios: